Precaución: Cuando estamos tristes se nos antoja
comer mucho, ya sea salado o dulce, aunque este último en mayor cantidad. Es normal, tu cerebro se lo está pidiendo a tu cuerpo para hacerte sentir mejor. Sin embargo, trata de no excederte en comer mucha azúcar, puedes afectar tu organismo
¿Qué significa comer emocionalmente?
Comer emocionalmente es el uso de los alimentos como forma de afrontar las emociones en lugar de como forma de calmar el hambre. A todos nos ha pasado alguna vez, cuando nos hemos acabado una bolsa entera de patatas fritas sólo por aburrimiento o hemos devorado una galleta tras otra mientras nos preparábamos para un importante examen. Pero cuando se hace habitualmente —sobre todo sin ser consciente de ello— comer emocionalmente puede afectar al peso, la salud y el bienestar general.
No hay mucha gente que haga la conexión entre el comer y las emociones. Pero entender qué desencadena la conducta de comer emocionalmente puede ayudar a seguir los pasos necesarios para dejar de hacerlo.
Uno de los principales mitos sobre comer emocionalmente es que lo desencadenan emociones negativas. Sí, es cierto que la gente a menudo se refugia en la comida cuando está estresada, se siente sola, triste, ansiosa o aburrida. Pero comer emocionalmente también se puede asociar a emociones positivas, como el romanticismo de compartir un postre en el día de San Valentín o la celebración de un banquete en un día festivo.
A veces comer emocionalmente se asocia a acontecimientos vitales importantes, como una muerte o un divorcio. Pero más a menudo son los innumerables y pequeños estreses cotidianos los que hacen que las personas busquen consuelo o distracción en la comida.
Las personas pueden aprender a comer emocionalmente: un niño a quien siempre se le da un dulce tras un logro importante puede crecer utilizando los dulces como recompensa por el trabajo bien hecho. Un niño que recibe galletas por dejar de llorar puede aprender a asociar las galletas al consuelo.
No es fácil "desaprender" los patrones de comer emocionalmente. Pero es posible. Y el primer paso consiste en tomar conciencia de lo que está ocurriendo.
Alimentos "consuelo"
Todos tenemos nuestros propios alimentos consuelo. Curiosamente, pueden variar en función del estado de ánimo y el género. En un estudio se detectó que la gente contenta parece preferir comer alimentos como la pizza, mientras que la gente triste prefiere el helado y las galletas. La gente aburrida se muere por devorar alimentos salados y crujientes, como las patatas fritas. Los investigadores también constataron que los hombres parecen preferir los alimentos consuelo calientes y caseros, como los filetes de carne y los guisos. Las mujeres prefieren el chocolate y el helado.
Esto te puede hacer pensar lo siguiente: ¿Por qué nadie se consuela comiendo zanahorias y tallos de apio? Los alimentos ricos en grasas, como el helado, pueden activar sustancias químicas corporales que crean una sensación de satisfacción y logro. Este rasgo casi adictivo puede hacer que volvamos a refugiarnos en esos alimentos cuando volvamos a sentirnos mal.
Hambre física versus hambre emocional
Hasta cierto punto, todos somos comedores emocionales (¿quién no ha encontrado un recoveco en el estómago para el postre tras una opípara comida?). Pero en algunas personas comer emocionalmente puede ser un problema real, al provocar aumento severo de peso o ciclos de atracones.
El problema de comer emocionalmente es que, en cuanto acaba el placer de comer, las emociones que lo desencadenan permanecen. Y a menudo te sientes peor por haberte comido la cantidad o el tipo de alimento que has ingerido. Por eso ayuda tanto conocer las diferencias entre el hambre física y el hambre puramente emocional.
La próxima vez que te apetezca tomar un tentempié, fíjate qué tipo de hambre está guiando tu conducta.
Hambre física:
- aparece gradualmente y se puede postergar
- se puede satisfacer con cualquier comida
- puedes dejar de comer cuando te sientes satisfecho
- no causa sentimientos de culpa
Hambre emocional:
- sientes una necesidad urgente de comer
- causa un deseo de comer algo en especial (por ejemplo, pizza o helado)
- comes más de lo normal
- causa un sentimiento de culpa al terminar de comer
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